Un 9,95 le ha valido a Anatolio Alonso Crespo, alumno del instituto público Juan de la Cierva de la capital, para alzarse con el título de mejor nota media entre sus calificaciones del bachillerato y de la selectividad en la Comunidad de Madrid. Muy alejado de la imagen de empollón — pendiente en la oreja y cara de pillo—, y muy comprometido con la escuela pública, Anatolio va para médico, aunque no descarta otras posibilidades. “No me importaría ser político”, confiesa. Ese futuro, al menos, es el que querrían sus padres, aunque él tampoco dude en criticar a la clase gobernante: “La selección de los que llegan en política se hace a la inversa. Falta meritocracia”.
Su madre, Laura Crespo, ingeniero agrónomo e investigadora, vigila desde la distancia y con orgullo cómo su hijo despacha con soltura a los medios. “Así es como mejor se lucha por la escuela pública. Él mismo decía que estudiaba tanto por eso”, señala. No es de extrañar que Anatolio haya heredado este compromiso forjado en el ámbito familiar.
El joven de 18 años ha acudido a su instituto a las doce de la mañana con la camiseta verde de Escuela pública de tod@s para tod@s y ha reivindicado una enseñanza para todos y de calidad. "La escuela pública es donde me he criado y donde me ha formado. Aquí se ven personas que puede que no sean tan brillantes como en el bachillerato de excelencia, pero así es la sociedad", indica. “Mi círculo de amigos tiene el mismo compromiso que yo, aunque puede que no sea mayoritario en gente de nuestra edad. Todo el mundo debería ir a las manifestaciones", añade.
“Es un alumno sensacional. Buen compañero, trabajador y muy interesado en la ciencia. Le gusta ampliar temas”, opina Amalia Pastor, su profesora de biología en tercero de la ESO y segundo de Bachillerato. Incluso con el curso académico ya terminado, Pastor asegura que Anatolio ya le ha pedido que le oriente sobre conferencias de biologías que se celebren en Madrid en verano.
Lejos de que estas inquietudes académicas le alejen de otras actividades propias de la edad, Anatolio hace deporte todos los días —ahora atletismo, antes baloncesto— y afirma que no ha dejado de salir ningún fin de semana. “Las últimas dos semanas de selectividad sí que he apretado más y me he quedado en casa. Yo sabía que me había salido bien, pero creo que la suerte también tiene algo que ver”, admite. Su nota más alta ha sido, evidentemente, un 10 en filosofía, inglés, matemáticas y física; y la más baja un 9,5 en lengua.
Marisa Aguirre, jefa del departamento de lengua del Juan de la Cierva y una de las profesoras y tutoras de Anatolio en cursos pasados, cuenta que es un alumno "excelente", informa Victoria Torres Benayas. Y destaca, por si queda alguna duda, que "se caracteriza por su interés por saber y conciencia social muy desarrollada". Aguirre expresa en nombre de todos los profesores la satisfacción por la nota de Anatolio y porque "han aprobado el 100% de los alumnos y con unas notas altísimas". "Anatolio fue seleccionado para el programa de Bachillerato de Excelencia, pero lo rechazó porque quería seguir con sus compañeros y profesores", declara Aguirre, que hace hincapié en que es un "instituto público no bilingüe". El Juan de la Cierva, situado en Arganzuela, fue uno de los más activos de la marea verde, la protesta de los profesores madrileños contra los recortes.
"La nota media lograda por los estudiantes de nuestro instituto es paralela a la de los bachilleratos de excelencia sin contar con sus medios", subraya la jefa del departamento de lengua. Sin embargo, un portavoz de la Consejería de Educación señala que el dato no es exacto. Este instituto tiene una media del 7,14 frente al 8,06 del San Mateo, el centro que alberga el bachillerato de excelencia, informa Pilar Álvarez.
Desde el centro, la jefa del departamento de lengua replica que en el caso de los bachilleres de excelencia, los alumnos entran con una nota mínima de ocho mientras que en el resto de centros "los chicos entran a partir del cinco y con hasta dos asignaturas suspensas, siempre que no sean lengua y matemáticas". "Apenas son 82 centésimas de diferencia teniendo en cuenta los medios que tienen ellos y los recortes que hemos sufrido nosotros", añade Marisa Aguirre.
La segunda mejor nota ha sido la de Aida Izquierdo, que ha alcanzado una media de 9,925, tras superar la selectividad con 13,925 —esta prueba puntúa como máximo hasta 14—. A diferencia de Anatolio, Izquierdo cursaba estudios en un colegio e instituto privado, el centro Legamar de Leganés. En declaraciones a Efe, Izquierdo se ha mostrado muy contenta por su resultado, que ha conocido a través de la aplicación de su teléfono móvil en Gandía, donde está de vacaciones con unos amigos.
También estudiante de ciencias, Izquierdo va a estudiar medicina como Anatolio y quiere hacerlo en la Universidad Complutense. Su secreto ha sido estudiar todos los días "un poco" —"unas dos o tres horas al día", ha especificado—. La estudiante ha recibido ya las llamadas de sus padres, que le han dicho que están "orgullosos" de ella, así como de responsables del centro.
Según ha informado en rueda de prensa el vicerrector de alumnos de la Universidad Politécnica, José Luis García Grinda, el 92,23% de los jóvenes madrileños han aprobado la prueba, lo que supone una mejora de 0,37 puntos porcentuales respecto al pasado año.
Entrevista a Anatolio Alonso
“España es así: forrarse rápido, pan para hoy y hambre para mañana”
Fuente: El País. Borja Hermoso, 27 julio 2013
En el madrileño barrio de Acacias, un prohombre en bermudas, chancletas, camiseta y pendiente. Corre 1.500, estudia, lee, ve pelis, se baja música y juega a que llega el fin del mundo. Ese es Anatolio, que hace como que la cosa no va con él. Pero sí va: algún día este santo y puñetero país tendrá noticias suyas. Y nos vendrá bien. Sacó un 9,95 en la Selectividad, que ya es sacar. Pero alguien se equivocó. Porque el tipo es de 10.
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Anatolio Alonso / Gorka Lejárcegi, El País |
DNI: Nació en Madrid hace 18 años. Le gusta el cine, el atletismo, los videojuegos, la filosofía, salir con sus amigos y charlar con su padre. Sacó la nota más alta de Selectividad en la Comunidad de Madrid.
Pregunta. ¿Están tus padres en casa?
Respuesta. No… no hay nadie.
P. Es que les iba a preguntar cómo es posible esto de Anatolio…
R. Mi abuelo se llamaba así, y mi padre. Creo que a mi abuelo se lo pusieron por algo del santoral.
P. Habrás tenido que aguantar tralla en el cole, ¿no?
R. Tú verás... Cuando salí en los periódicos y toda la leche, evidentemente a la gente le chocó el nombre. Es que es muy sonoro.
P. Es una forma de decirlo. A mí me recuerda a los tebeos de Bruguera: Anacleto, Ataúlfo, Rigoberto, Mortadelo, Filemón…
R. ¡Je, je, je! Sí, bueno, y en Twitter me han hecho muchas bromas: “Joder, con ese nombre seguro que ni sales de casa y por eso saca esas notas”, y tal.
P. Hablando de tebeos. Supongo que, en su caso, Kant, Quevedo y los logaritmos no dejarán sitio para los cómics y cosas así… ¿o sí?
R. Mira, si te das la vuelta verás mi rincón de cómics. Me encantan, sobre todo Watchmen. Tiene trasfondo filosófico…
P. Pues todavía hay cenutrios que consideran los cómics un género menor, una bobada, vaya.
R. Pues los cómics ofrecen muchas posibilidades que un libro normal no puede darte. Con un buen trazo se te muestra todo sin soltar una sola palabra… buenos dibujos, buenos guiones…
P. ...pura economía de medios. A lo mejor se está perdiendo una gran ocasión para usarlos como método educativo en las aulas.
R. Sí se podrían usar. Motivarían más a muchos estudiantes.
P. Sí, porque —y no parece precisamente tu caso— queda claro que mucho estudiante le tiene alergia al libro tradicional, ¿o no?
R. Claro, pero a veces eso se potencia en la misma educación. A veces te meten una cantidad de contenidos en muy poco tiempo, solo por cumplir las exigencias oficiales. Y te meten 12 autores de filosofía, hala… Solo Kant te da para dos meses si lo quieres entender bien. Y la historia también se estudia mal. Mucha cantidad, pero no se interioriza. La tenemos que absorber y luego vomitarla, y punto. A veces, en el colegio, más que enseñar se vacuna contra el conocimiento. Así que luego, la gente va a una librería, ve los libros de filosofía y se va derecho a por los de autoayuda. Pero la filosofía sirve para relativizar los puntos de vista actuales, comparándolos con el pasado.
P. ¿Y qué autor te pone más?
R. Me gusta el tema de la neurociencia y me parece apasionante lo de la inmortalidad del alma.
P. Glup.
R. Sí. El ser humano trasciende lo meramente físico. Yo ahora estoy hablando contigo y generando ideas, ideas que se van superponiendo en el tiempo. ¿Dónde quedan? Poder recordarlas da al ser humano como una conciencia de superioridad. Todas esas teorías filosóficas que, desde un punto de vista lógico eran coherentes, desde el sentido común son como castillos en el aire… dar una explicación, sin base fisiológica, al mundo etéreo que hay en nosotros.
P. Diez en Filosofía. Claro, ahora se entiende.
R. Sí.
P. En cambio, la media se te quedó en 9,95. ¿Qué pasa, la perfección no es bella? ¡Y un 9,50 en Lengua! Te caería una buena en casa.
R. ¡Joder, es que a un comentario de texto se le pueden dar tantas vueltas, que todavía podría estar haciéndolo! Puede ser infinito. Y más con un texto de Savater, que le gustan los argumentos de autoridad más que a un tonto un lápiz. Te puedes tirar horas.
P. Bueno, eso si te sabes el autor. Yo no solía sabérmelos y me quedaba con cara de boniato.
R. A lo mejor no te sabes el autor, pero puedes trascender lo que dice e identificar lo que dice con algún hecho de tu vida. Pasa como con Wittgenstein. Su Tractatus eran aforismos y él decía que nadie que no hubiera pensado eso antes lo iba a entender. Pero si lo lees y lo vinculas a alguna vivencia tuya, lo entiendes.
P. Qué cosas, estábamos con los cómics y hemos acabado en Wittgenstein. ¿Y los videojuegos?
R. El videojuego es un nuevo horizonte, con posibilidades que no ofrece el cine. El videojuego es un arte. Mira, mira este \[se levanta, saca uno de la estantería y lo muestra con una mezcla de fascinación y orgullo\], es la leche.
P. Uy, va del fin del mundo.
R. Sí.
P. Pues imagínate que ahora entra tu padre y te suelta: “Anatolio, mañana es el fin del mundo”. ¿Qué harías?
R. Quedaría con mis amigos.
P. Unas sangrías en el parque.
R. No iba a dar tiempo a más, ¿no? No vas a coger el coche para irte por ahí y que el fin del mundo te pille por el camino. Así que a tomar algo y comentar: “¿Cómo será esto del fin del mundo?”.
P. ¿Te bajas pelis? ¿Música? ¿Videojuegos? ¿Libros? Como digas que no, llamo al zoo para que te metan en una jaula.
R. Me he bajado música, y pelis alguna, pero no soy una bestia. A mí me gusta ir al cine, a la sala de cine, quiero decir. El olor a palomitas, los tráilers, es un ritual.
P. Pues a este paso te van a poner una estatua.
R. Es como los libros en papel. Me gustan mucho más que los e-book.Llámame fetichista. Joder, macho, ¿todo el día con pantallas, y cuando vamos a leer un libro, venga, ¡otra pantalla!?
P. Se ha instalado la idea de que los productos de cultura y ocio son gratis total. A lo peor, al final, los que los hacen deciden dedicarse a otra cosa.
R. El gratis total no vale, pero si queremos extender la cultura y que la gente vea películas y lea libros, hay que aceptar que los precios de ahora son inasumibles. Que un DVD cueste 16 euros no va acorde con la situación económica de la gente, pero no porque estemos en crisis; es que tampoco irá acorde cuando no haya crisis. Es irreal. Es ridículo.
P. Te puse como ejemplo ante mi hijo de 20 años y me contestó: “¡Pufff, seguro que es un insoportable!”. Defiéndete. Di conmigo: “No-soy-solo-un-empollón”.
R. No soy insoportable. Salgo casi todos los fines de semana. Estudio, sí, pero no me queda otra. La gente esa que va de gran intelectual y piensa que sin estudiar… no, macho, puedes ser inteligente pero hay ciertos conocimientos que el Espíritu Santo no te los da.
P. Eres listo, inteligente y culto y hablas cojonudamente sin dártelas de nada. Qué buena lección para tanto tonto integral que usa su cultura como arma de exclusión… esos del “¿¿que no has leído a este autor??” o “¿¿que no has visto esta película??”.
R. Hay gente que lee solo para demostrar lo mucho que lee. Para elevarse por encima del resto. Que se note que sé. Es empavonamiento. Gente que va de guay. Esnobs. Creen que lo raro, por el hecho de ser raro, ya es bueno.
P. Y ahora, médico, ¿no? O sea, que ya te ves con tu batita, pasando consulta, ganando una lana.
R. No. Ahora en la sociedad hay un gusto marcado por la especialización precoz. Es peligroso. A mí me gusta la investigación. Un médico en su consulta cura a uno, a dos, a tres, a muchos, pero alguien que desarrolla una vacuna cura a millones.
P. Pues si quieres investigar ya puedes ir haciendo las maletas.
R. Pues yo querría vivir en España. Me gusta salir a la calle a las doce de la noche y ver gente. Tú sales a las doce de la noche en Francia y no hay nadie. En Inglaterra, igual. De todas formas, si me voy me gustaría que fuera una decisión mía, no una coacción de las circunstancias históricas y económicas que hay en este país.
P. ¿Cuál es tu grado de preocupación o cabreo con esas circunstancias y quienes las propician?
R. Alerta roja total. Yo creo que esta crisis se ha forjado mucho tiempo atrás. Se ve claramente si estudias la historia de este país. Aquí, la actitud ante la economía ha sido siempre la misma, España es así: forrarse rápido, pan para hoy y hambre para mañana. No ha habido una idea de forjar una industria, de producir aquí las cosas o las ideas para exportarlos.
P. El “que inventen ellos” caló muy fuerte, y sigue calando.
R. Siempre igual. Y luego, cuando esto estaba resurgiendo en cuanto a ideas de progreso, con la República, todo cayó por gente que no quería eso y dio un golpe. Y los índices económicos no se recuperaron hasta los años cincuenta o casi sesenta. Y luego, en democracia, vinieron las reconversiones industriales, que fueron un eufemismo: no hubo reconversión, hubo un desmantelamiento, para que Alemania, que es la que nos sangra ahora, fuera la que nos tuviera que suministrar la industria y así los alemanes pudieran venir aquí a hacer turismo de sol y playa.
P. Queda claro que te gusta llamar a las cosas por su nombre.
R. Y luego está lo de la investigación, que se piensa que es un gasto inútil… ¡pero si es lo único que puede sacar de esta situación a España! A ver, nosotros jamás vamos a ser competitivos como los chinos, que tienen un régimen dictatorial que hace lo que le sale de las narices con los derechos de los trabajadores. Si en algo podemos triunfar es en ideas: educación, investigación, cultura.
P. Las tres patas que se están cargando, junto con la sanidad.
R. Las ideas son nuestra materia prima, aquí no hay ni oro ni petróleo.
P. ¿Y a nivel mundial?
R. Soy superpesimista. El capitalismo está basado en la extralimitación de los medios, en la producción continua, en el consumismo continuo, en que gire la rueda… pero esto no es así. El mundo es finito, hay lo que hay, hay unas materias, hay gente y hay unas necesidades creadas, porque no consumimos lo que necesitamos, sino que necesitamos lo que consumimos. Llegará el colapso.
P. ¿Por qué no arden las calles, o en su defecto, La Moncloa?
R. Pues por la alienación que hay. Mucha gente no tiene para comer. Y todos creemos que no nos va a tocar. Y tenemos nuestro trabajo, salimos de casa, trabajamos, volvemos a casa y queremos mantener eso. Y si hay una huelga para reivindicar los derechos de todos, no salimos por miedo a que nos quiten el trabajo. No hay un sentimiento de defender lo que es de todos, solo hay un sentimiento de querer guardar nuestros derechos individuales. Vivir lo mejor que podamos. Ir tirando. Eso es lo que hace que no haya revoluciones ahora. El poder ha conseguido tenerlo todo bajo control. Es como un síndrome de Estocolmo general, por el cual nos están puteando a todos, pero como hay gente menos puteada, pues tiene un sentimiento de seudogratitud. Podemos comprar nuestras cuatro cosas en la Fnac o en El Corte Inglés y con eso nos vale.
P. Hablas mejor que, más o menos, el 90% de nuestros políticos. ¿Te tienta la política, aunque se malogre un investigador?
R. No me importaría, creo que hay que revitalizar el gusto por la política. Hoy se identifica la política con el mero jugueteo de unos tíos que encima ahora vemos que son unos corruptos y no tienen ni la dignidad de reconocerlo. Yo, si fuese Rajoy, no tendría la conciencia tranquila.
P. ¿Qué hacemos con los ladrones de guante negro? ¿Un ratito en la cárcel y ya está?
R. No, que devuelvan lo que han mangado. Ahí está Botín, que fue perdonado de no ir a la cárcel por un Gobierno del PSOE. Y ahora que vengan y me digan eso de “ese Anatolio es de Rubalcaba”. Sí, de Rubalcaba, claro… mira, el PSOE tiene de socialista lo que yo tengo de rubio.
P. ¿Monarquía o república?
R. Siempre república. La monarquía es anacrónica. Tiene que haber alguien elegido por la gente. Y esto, que ahora mismo no es una prioridad, tendrá que serlo en algún momento.
Eres un fiera, Anatolio.
